MONTE FUNJI, JAPON
RESEÑA HISTÓRICA
El Monte Fuji, un volcán sagrado de
Japón, se ha convertido en un símbolo de la cultura japonesa, además de ser una
de las montañas más famosas del mundo. Cerca de Tokio, la capital de
Japón, es accesible para excursionistas y turistas de todos los rincones del
mundo y hoy en día está catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO.
La montaña se encuentra a 100 km al suroeste de Tokio, en la isla de Honshu, y es el punto más alto de Japón con 3776 metros de altitud.
El Monte Fuji ocupa un lugar considerable en la
religión ancestral y las creencias japonesas. A menudo se le
llama Fujiyama y Fuji-San (el señor Fuji) porque es
venerado como un dios de Japón, un «kami», una deidad popular de la religión
sintoísta. De hecho, debido a sus actividades volcánicas, simboliza tanto
la tierra y el cielo como el fuego.
Se dice que el Monte Fuji apareció
hace 600 000 años y ha sido durante mucho tiempo un volcán activo
(aunque todavía se considera activo, no ha tenido ninguna erupción desde
1707).
El Monte Fuji está abierto al público solo dos meses al
año, julio y agosto, lo cual atrae a muchos turistas, pero también a
personas que viven en Japón y desean subir la montaña por sus caminos o escalar
la montaña para alcanzar la cima.
El tiempo necesario para llegar hasta la cima varía
según la ruta, pero como regla general se tardan entre seis y nueve horas para
subir, y cuatro o cinco para bajar.
Dado que el monte Fuji es una elevación que supera los 3.000
metros, incluso en verano su cima puede presentar fuertes vientos, con
temperaturas bajo cero tan bajas como para crear carámbanos de hielo.
Muchas personas escalan la montaña por la noche para poder ver
el amanecer desde uno de los picos más famosos del mundo. Sin embargo, los
escaladores deben tomar precauciones para alcanzar la cima al escalar
el Monte Fuji, porque como dice el proverbio:
«El sabio sube al monte Fuji una vez en la vida; solo el necio lo sube dos veces»



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